Té en manos de agricultor

Viajar es posible a través de una taza de té. Hoy en día el té se cultiva en decenas de países en todo el mundo, cada cual tiene sus propias características, proceso, aroma e infusión, factores que lo hacen único y diferente. Para los más puristas, los países tradicionales siguen siendo los más valorados, pero cada año, en países emergentes se producen tés de gran calidad que innovan el modo de concebir el té.

Entre los países productores clásicos encontramos en primer lugar China, las principales provincias donde se cultiva té son Anhui, Fujian y Yunan, donde se produce el famoso té Pu Erh, o té rojo como se lo conoce vulgarmente.

Otro país con distintas denominaciones es India. Las principales variantes que se encuentran son Darjeeling, Assam y Nilgiri, aunque hay más de diez zonas reconocidas de prestigiosa producción.

En Sri Lanka se produce un té negro de excelente calidad. Hablando de té, a Sri Lanka se le conoce como Ceylon, nombre que tuvo la nación hasta el año 1972. Otro país con una historia similar es Taiwan, que se sigue conociendo por el nombre de Formosa y donde sus tés Oolong son de lo más demandado por los paladares más sibaritas. Por último un país que ha escrito historia en la producción de té es Japón, donde se precian excelentes tés verdes, tales como el Gyokuro o el Matcha.

En África encontramos países que cultivan y elaboran principalmente tés negros: Kenia, Tanzania o Camerún tienen ya un hueco muy reconocible en el mundo del té.

Con fuerza aparecen otros en América: Argentina, gran productor, Brasil, Ecuador, Perú… Incluso Estados Unidos, en las zonas del Sur de Carolina y en Oregon. Y es que con el té sucede como con el vino, poco a poco se va extendiendo a toda la población mundial. Cada agricultor se esmera en ofrecer un producto realmente diferenciado del resto, y precisamente esto, es lo que hace que la pasión por el té, su cultura e historia se siga escribiendo en mayúsculas.

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